Inclusión

Bien sabemos que estamos en un siglo avanzado, pero la pregunta es ¿qué tanto? Pensamos que por estar en el siglo XXI los derechos son iguales para todo ser humano y la verdad es que no es así. Estamos en una lucha constante defendiendo los derechos de cada persona que habita en el mundo para no irnos tan largo en nuestro propio país.
Es cierto que a las mujeres se les discrimina mucho por el simple hecho de eso, de ser mujer, pero no son las únicas afectadas. Niños y niñas son maltratados en sus escuelas por tener un tono de piel más oscura, personas adultas se burlan de sus compañeros y compañeras de trabajo por su preferencia sexual y en los colegios los estudiantes molestan a otros por tener alguna condición que lo hace diferente. Por esto he decidido contar una historia.
En una ciudad de este país había un niño de nombre Matías. Cuando nació llevo luz y alegría a su hogar, él era diferente, su familia lo noto desde el momento en que el tenia cerca de 2 años. No le gustaba hacer desordenes como a los otros, quería sus juguetes para coleccionarlos y nadie podía alterar el orden de sus pertenencias. Tenía una gran empatía y llenaba de alegría a quien estaba cerca. El miraba el mundo diferente, como un juego, no entendía el lenguaje no verbal ni el sarcasmo y para terminarla de hacer era daltónico. A veces se molestaba cuando las cosas no salían como el quería o peor aun cuando su rutina cambiaba.
Conforme paso el tiempo Matías entro a lo que popularmente le llamamos pre-kínder, su maestra notaba que era diferente al resto de sus alumnos y no supo cómo tratarlo ni cómo hacer que sus compañeros lo comprendieran y convivieran con él. Era un niño muy amoroso, especial, activo, alegre, lleno de mucha luz, esperanza y curiosidad, sin embargo no todo en él  era tan positivo, los ruidos, mucha iluminación en algún lugar y hasta alguna ropa lo hacían que se comportara de una manera insoportable. Su profesora decidió enviarlo a terapia emocional creyendo que era algún problema de conducta. Con el tiempo descubrieron que no era algo emocional sino una condición diferente llamada Asperger, no es una enfermedad pero si hacen a la persona diferente, para definirlo más resumido hace a la persona más sensible, así como Matías.
En su escuela sufría bullying por ser así un poco diferente a ellos, ninguno de sus profesores o compañeros pudieron tratar esta situación entonces sus padres decidieron trasladarlo de institución. Las cosas no cambiaron mucho en esta nueva escuela, eran muy pocos los compañeros que se acercaban a hablarle o a jugar con él, sus maestros no supieron cómo enseñarle de una dinámica distinta pero con la misma información que al resto de niños y niñas.

Hoy Matías tiene 10 años y su situación sigue siendo la misma, hoy el  sigue siendo burla de sus compañeros y vecinos por su forma de ser y de expresarse. Tener esa condición no lo hace menos. Es un ser humano y tiene los mismos derechos que una mujer, un hombre, una persona de color oscuro, una persona de color claro, una persona vidente, una persona no vidente... En fin, son diferencias absurdas porque todos tenemos un corazón, todos tenemos sueños y esperanzas, todos queremos superarnos y ser alguien mejor, entonces ¿Por qué marcar diferencias estúpidas si al fin y al cabo todos somos iguales? 


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